Los pensamientos son el principio de toda acción, y todo resultado obedece a una acción.
¿Pero qué pasa si nuestros pensamientos son afectados en algún momento por una acción nuestra o, externa?
Es decir, cuando un pensamiento nos intoxica la vida, debido a que se apodera de nuestra cabeza dando lugar un gran desorden mental. Aquí entre uno de los peores casos, la depresión, la cual se alimenta de la falta de confianza y la autovaloración.
Si bien todo lo que es considerado como tóxico, es todo aquello perjudicial para todo lo que entre en contacto con dicho fenómeno, (en el caso de los pensamientos, es inevitable crearlos y vivir con ellos) , el proceso para detectar el origen de estos pensamientos en ocasiones resulta complejo, un pensamiento, o pensamiento negativo, no tiene la categoría de ser tóxico en principio, cuando todo pensamiento descompuesto empieza a ganar terreno en nuestra mente, se vuelve molesto, por lo tanto se aloja en forma de idea inadecuada y, nos acostumbramos a combatirlo con la costumbre de dejarlo pasar.
Empecemos controlando la causa: La causa es dejar que se quede en la mente, antes de concebir una idea, es necesario saber y asegurarse de que tan beneficioso o perjudicial será el resultado, es necesario saber si se puede controlar toda la actividad emocional que generara el producto de esta idea.
Tomando esto en cuenta, todo pensamiento tóxico se origina desde el exterior, debido a que nunca se está preparado para el resultado de una acción. Un resultado inesperado cobra su fuerza gracias a las expectativas, ojo con las expectativas de naturaleza muy alta, en muchos casos pueden terminar en decepción de una forma no muy agradable.
Tomando en cuenta las expectativas muy altas y, sumándolas a una idea, tendremos como resultado a la decepción, un sentimiento como este, es capaz de provocar depresión y desencadenar una cadena de ideas no tan deseadas, estas ideas son las que comienzan a inundar nuestra mente y, evitan un dominio total del pensamiento, es en donde empieza el problema, por lo que muy pronto se generaliza hasta convertirse en dueño de una gran parte de nuestras vidas.
Ya que nuestra mente está acostumbrada a pensamientos poco saludables, ya que toda idea inapropiada fluye con frecuencia y de manera incontrolable, la depresión hace el resto, en este entonces es cuando cada pensamiento del tipo destructor (pensamientos negativos), se intoxica provocando una gran falta de dominio propio y, no faltaría nada más que una influencia exterior como, un pequeño fracaso, o un ataque de alguien más para activar esas ideas que producen el menosprecio de forma instantánea.
Empecemos controlando la causa: La causa es dejar que se quede en la mente, antes de concebir una idea, es necesario saber y asegurarse de que tan beneficioso o perjudicial será el resultado, es necesario saber si se puede controlar toda la actividad emocional que generara el producto de esta idea.
Tomando esto en cuenta, todo pensamiento tóxico se origina desde el exterior, debido a que nunca se está preparado para el resultado de una acción. Un resultado inesperado cobra su fuerza gracias a las expectativas, ojo con las expectativas de naturaleza muy alta, en muchos casos pueden terminar en decepción de una forma no muy agradable.
Tomando en cuenta las expectativas muy altas y, sumándolas a una idea, tendremos como resultado a la decepción, un sentimiento como este, es capaz de provocar depresión y desencadenar una cadena de ideas no tan deseadas, estas ideas son las que comienzan a inundar nuestra mente y, evitan un dominio total del pensamiento, es en donde empieza el problema, por lo que muy pronto se generaliza hasta convertirse en dueño de una gran parte de nuestras vidas.
Ya que nuestra mente está acostumbrada a pensamientos poco saludables, ya que toda idea inapropiada fluye con frecuencia y de manera incontrolable, la depresión hace el resto, en este entonces es cuando cada pensamiento del tipo destructor (pensamientos negativos), se intoxica provocando una gran falta de dominio propio y, no faltaría nada más que una influencia exterior como, un pequeño fracaso, o un ataque de alguien más para activar esas ideas que producen el menosprecio de forma instantánea.
Ej: Se intensifica el miedo al fracaso; Por lo tanto, cada vez que intentamos algo, nos hacemos a la idea de que no somos los suficientemente buenos para desarrollar cualquier plan, e incluso entran en juego los pensamientos del tipo (derrotista).
De esta manera se originan los pensamientos tóxicos.
A Continuación veremos cómo evitarlos pensamientos tóxicos.
Es inevitable tener ideas o pensamientos negativos en donde todo se sale de control, es cuando los aceptamos y nos apropiamos de ellos cuando un pensamiento negativo se vuelve tóxico, hasta que concluya el proceso en donde empiezan a pasar desapercibido, para evitar cualquier pensamiento perjudicial para el proceso y desarrollo de nuevas ideas, es de vital importancia sacar la basura, todo pensamiento no saludable alojado en nuestra mente, en ocasiones es necesario un reseteo mental.
Un reseteo mental se lleva a cabo con la voluntad y la intención de un cambio por nuestro bien, siempre nos llegan ideas inadecuadas o pensamientos bizarros, es de vital importancia aprender a manejar las influencias del exterior.
Conclusión.
Los pensamientos tóxicos se evitan filtrando las ideas que día a día tenemos, recuerda que un pensamiento se convierte en tóxico, no antes de que nos acostumbramos a mantener las malas ideas en funcionamiento, es decir, convirtiéndolas en realidad.
Si lo puedes creer puede que lo logres, pero si tienes fe y confías en Dios dalo por hecho, recuerda que Dios solo te da lo que te conviene.
